domingo, 27 de enero de 2013

Admiraciones (y condolencias)


ADMIRACIONES (y condolencias)


 Admiro el ser inquebrantable

del estoico trashumante,

piel de canto y de rodera,

pies de pasos sin frontera.

Errante bajo el manto del estío

por edenes y baldíos,

sobre brasas de caminos

y reposo en las cunetas.

 

Admiro al náufrago labriego

a la orilla del surco yermo.

Huérfano de padre y de horizonte,

vástago primero de cielo y norte.

Su indómito perfil azada en ristre

caminando entre la nada y lo imposible,

encerrado en los confines de una linde

avistada por los ojos de Caronte.

 

Admiro la presencia incorregible

del poeta que a su verso llama libre,

su canción de volátil donosura,

su pluma de dolores y texturas,

su escritura, sin matices ni prebendas

por renglones de sabores a leyenda,

a desazones, a razones sin certeza

y a certezas de vacío en armadura.

 

Y detesto a todo aquel

que por tibieza o por pereza

se gusta de alargar nuestra tristeza.

Y detesto a todo aquel

que por mezquino o sibilino

disfruta manejando los destinos

del rebaño concebido. A todo aquel

detesto por hacer del vino hiel

y desierto lo que fuera por destino

ser vergel.

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