¡Bienvenid@ a Flores Arrancadas!

Flores Arrancadas son poemas que nacen de dentro y que es preciso arrancar para poderlos entregar en un lugar como éste.

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lunes, 13 de enero de 2014

Venus y Marte


 
VENUS Y MARTE
 

Venus, etéreo sueño perfumado,

diosa de melífera voz

que mi alma sorda arrinconó

en las sombras de un jardín desabrigado.

¿Por qué me llamas

si ya no puedo ser yo?

 

Marte, sangre de mi orgullo mancillado,

dios del ignífero valor

que mi alma necia abandonó

a los pies de aquel caballo desbocado.

¿Por qué me llamas

si ya no puedo ser yo?

 

Aquel templado y amante ser,

aquel que fue antaño, se quebró.

 

No soy de nadie ni de mí,

me alejé de vuestro canto y para mí

 forjé este pétreo y exilado ser  

que aguarda solo y solamente la voz del ciprés.

Un viajero aletargado

que dejó el amor a cargo

de los amantes rampantes,

y la guerra al cuidado

de laureados contrincantes.

 

Figura fui en vuestras manos, inerte,

vulnerable al antojo citereo,

amable al llamamiento de un Marte arpado

fui pluma al servicio del viento.

Mas ahora

mi campo de batalla he santificado,

ahora es campo mío del mío descanso.

Mi alma aprendió a ser desgarrado

y me conserva del orbe alejado.

 

Mi Venus, mi Marte,

ahora vivo reposado,

ahora muero en otros brazos.

Venus mía, Marte mío,

esta vida que fue río

este pecho antes bravío

ahora vaga en un navío

hacia el mar que no regresa,

donde cesa la belleza,

el valor y solo reina

el recuerdo, el olvido y este viejo yo

que sin vos se aleja.

 

 

miércoles, 1 de enero de 2014

Los mismos perros


 
LOS MISMOS PERROS
 

Son los mismos, los mismos.

Los mismos perros, los mismos collares,

las mismas perlas en los mismos cuellos

de los mismos perros, de las mismas perras,

me perdonen si ofendo a los perros,

me perdonen si agravio a las perras.

 

Son los mismos, los mismos.

Los mismos de siempre, los que nos someten,

los mismos que mienten, los mismos consejos

de ministros de siempre, que miran al frente

y no de frente, nos miran de lejos,

somos conejos, los mismos conejos de siempre.

 

Son los mismos, los mismos.

Los mismos ladrones que ahora malversan,

los mismos tiranos que ahora conversan

de libres opciones, los nuevos grilletes

que nunca arrancaron, que joden y aprietan,

que aprietan y ahogan, que matan como siempre.

 

Son los mismos, los mismos.

Los mismos linajes, la misma endogamia,

lavando su vida repleta de infamias,

de voces veladas detrás de las cuerdas,

somos marionetas de voz solitaria,

la plebe ordinaria que solo se queja.

 

Son los mismos, los mismos.

Los mismos que niegan ser siempre los mismos,

los mismos que venden su alma al abismo

que habitan diablos, que habitan satanes,

domando escolares con rabia y cinismo

que adoren su rostro y sus santos lugares.

 

Son los mismos, los mismos.

Los mismos que cierran todas nuestras puertas,

futuros soñados que al fuego condenan,

pasiones y alientos de este descontento,

de aquel paraíso transformado en la selva

de reyes y nobles por ley y por derecho,

no hay derecho, su momento nunca llega.

 

Son los mismos, los mismos.

Los mismos que fueron son ahora los mismos,

los mismos que fueron son siempre los mismos,

los mismos perros, los mismos collares,

los mismos usureros, los mismos miserables,

por los siglos de los siglos, son siempre los mismos,

por los siglos y serán por siempre los mismos,

los mismos, no lo olvides,

los mismos, no te engañen,

los mismos, son y serán los mismos.

 

 

martes, 29 de enero de 2013

El refugio


EL REFUGIO


Siento como callan multitudes

al compás de la metralla,

multitudes que se extrañan

sin saber de sus virtudes,

multitudes sin mirada

en su gesto de ataúdes.

Siento como callan multitudes

en refugios de batalla.

Amasados como trajes en baúles,

apretados y rozando sus temores,

compartiendo los sudores

sin hablarse, como cruces

cinceladas por sus nombres.

Apagaron ya las luces,

dentro el llanto por aludes

y por fuera los temblores.

 

Refugio, cuatro lados de un infierno

Y en el centro las esperas,

tres otoños, cien inviernos

y ninguna primavera.

Solo hay tiempo, tiempo lento,

Y la vida desespera.

Solo hay tiempo, tiempo lento,

Y la guerra sigue fuera.

martes, 2 de octubre de 2012

En manos de la guerra


EN MANOS DE LA GUERRA

 

Repoblamos la montaña

con las cruces de inocentes

devorando las entrañas

de una tierra acostumbrada

a ser lecho de valientes,

de una tierra levantada

por las gotas de su frente

y que ha sido conquistada

por las manos indolentes

que la sienten tan extraña.