¡Bienvenid@ a Flores Arrancadas!

Flores Arrancadas son poemas que nacen de dentro y que es preciso arrancar para poderlos entregar en un lugar como éste.

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viernes, 16 de noviembre de 2012

Entrevista en Radio Juventud de Conil de la Frontera

Audios de Radio Juventud Conil. Entrevista a Gustavo González

En este enlace podéis escuchar entre otras la entrevista que le hicieron a un servidor el pasado 19 de octubre en Radio Juventud Conil.
Programa: Todo está en los libros

Inclye la lectura de 3 poemas incluídos en este blog:

-El niño uncido
-Hablo de ese tiempo
-La voz de la miseria

Espero que os guste.
Un saludo!

martes, 9 de octubre de 2012

El niño del rincón


EL NIÑO DEL RINCÓN

 

Nacer y no querer

ni siquiera haber nacido,

crecer y no querer

recordar lo que no he sido.

 

Denegada la inconsciencia

de burlar a los peligros,

de saltarme lo prohibido

apelando a la inocencia.

 

Recostado en la prisión

de llorar solo por dentro,

de reír solo por gesto

sin un trazo de emoción.

 

Olvidado de un futuro

que promete un cielo eterno,

pero niega lo sincero

del presente claroscuro.



Nacido y sin querer

ser un firme convencido

de lo triste que es saber

que es mejor no haber nacido.

 

Madurado en la miseria

que jamás reconocí,

fue el orgullo mi botín

y mi sello la indolencia.

 

Refugiado en ese llanto

que no quiere ser viajero,

inundando los adentros

distraídos con mi canto.

 

Nacer y no querer

ni siquiera haber nacido,

y morir por no querer

recordar que no he vivido.

viernes, 5 de octubre de 2012

Tren de cartón


TREN DE CARTÓN

(A MI PRIMERA PROFESORA)

 

Pequeño tren de cartón

donde viajo sin caminos,

por raíles de ilusión,

sin trasbordo ni destino

con los ojos bien abiertos

aprendiendo la lección

de dejar pasar el viento

cuando no viene a favor.

 

¡Al tren, pasajeros, al tren!,

la inocencia, la impaciencia

por un mundo que entender,

la inconsciencia, la insolencia

que permite cuestionar

de los miedos el porqué,

si los sueños volverán

a mi noche como ayer.

 

¡Al tren, pasajeros, al tren!,

la ternura y la dulzura

asomándose al dintel

del vagón de mi aventura.

tomad asiento y contemplad

como a tientas mi pincel

desentraña la espiral

que lastró mi ingravidez.

 

¡Al tren, pasajeros, al tren!,

la lectura, la escritura,

los renglones de mi piel

como surcos en la luna

donde riegas la semilla

de mis ganas de saber

el color de las pupilas

que dilatan mi avidez.

 

¡Al tren, pasajeros, al tren!,

que partimos a luchar

con soldados de papel

a un océano de sal.

nada temo en el fragor

de la batalla desigual,

yo un pequeño sin valor

y gigantes en el mar.

 

Nada temo si este tren

lo gobierna un corazón

que jamás olvidaré,

el de aquella que enseñó

a este brote por nacer

que mañana sale el sol

desde dentro de mi piel,

que mañana sale el sol

y la guerra es un rumor

de hojas secas al caer,

y la vida es la canción

que con ella entoné.

lunes, 1 de octubre de 2012

El niño uncido



EL NIÑO UNCIDO

(A LOS NIÑOS DE ESE TIEMPO DE CAMINOS)

 

Antes de que el alba despuntara

entre aquel corro de pinos

y el final de los caminos,

antes de que el gallo despertara

y concluyera la alborada,

arreando a su destino

caminaba un niño uncido

entre dos bestias de carga.

 

Zapatos estrenados un domingo

del que apenas recordaba

cuando Dios resucitaba

si el invierno era benigno.

Rodillas de remiendo mal zurcido,

la camisa remangada

y si el cielo amenazaba

una manta por abrigo.


Ojos plenos de legañas,

el cabello un remolino

donde brota ese flequillo

que ocultaba su mirada.

Su nariz acostumbrada

al aroma del tomillo,

del romero y del peligro

de la aullante noche clara.

 

Cetro a veces y otra espada

templa a golpes de cuchillo

la rama de un olmo herido

 mientras canta en voz velada:

“No temáis mi bella dama,

lo que empuño es el castigo

para quien busque su cobijo

en el bosque de mi amada.”



No hay corcel en esta marcha

solo escuchan Pardo y Pinto

las arengas del bendito

general de voz timbrada.

 

No hay soldados en la marcha,

vencedores ni vencidos,

solo el sol que ya diviso,

juez que imparte la alborada.

 

Gólgota de un héroe infante,

tierra de batalla y labor,

de siembra, trilla y sudor,

madre tierra, tierra madre.

Al calvario de su carne

¿por qué Dios le abandonó?

Ese Dios llamado Amor,

de alma ciega y voz distante.

 

Siete soles por semana

iluminan el semblante

de este regio navegante

de la tierra en calma.

Su ilusión siempre varada

a ese puerto de otros mares

donde sueña en oleajes

de bruñidas cumbres blancas.

 

Mar curtido en piel y sangre,

tierra santa que trabajas

y no entiende de palabras,

de conquistas ni parajes

más allá de este paisaje

cincelado con tu azada.

 

Tierra humilde castellana,

madre tierra, tierra madre,

tierra de secos ropajes,

de raíces en la nada

y de surcos como garras

que se agarran al infante

arañando los caudales

de sus ojos secos de miradas.

 

Ya retorna el niño uncido

de las tierras de labor,

ya desfila en procesión

el paso de un sol tardío

que olvidó darle cobijo

entre sombras de oración.

Quizás no oraste con fervor

y su fuego es tu martirio.

 

¿Quién merece este designio?

¿quién concede al inocente

la desidia de las gentes

y un futuro malherido?

¿Quién otorga paraísos?

¿Quién le da cuatro paredes

al hogar donde envejecen

los sueños del uncido?

 

Cuando crezcas, niño uncido,

seas bestia o seas hombre,

serás siempre lo que esconde

ese rostro maldecido.

Crecerás entre el olvido

de alimañas que conocen

el santo que dio tu nombre

y el linaje de tu apellido.

 

Y tú,

aquel niño perdido

que olvidaste ser chiquillo,

has dejado junto al trillo

la inocencia y el destino.

 

Y tú,

ese niño escarnecido
 
que olvidaste ser mocillo,

has dejado en el camino

el candor y la fortuna

de olvidarte de ser niño

y solamente ser el hijo

que jamás lloró en la cuna.

jueves, 22 de marzo de 2012

¿Por qué lloran los niños muertos?




¿POR QUÉ LLORAN LOS NIÑOS MUERTOS?

(EL DOLOR IMPERDONABLE)

 
¿Por qué lloran los niños muertos?

¿Por qué el edén se vuelve infierno

y su risa se hace hielo?
 

¿A quién temen los niños muertos?

¿por quién tiemblan sus blandos huesos?

¿a quién temen en este cielo?

 
Ya no juegan los niños muertos,

ya no ríen, no hay consuelo,

ya no hay hadas en sus sueños.


Ya no duermen los niños muertos,

les recorre un halo yerto

y les rodea un frío aliento.

 
¿Quién detiene sus latidos?

¿quién silencia hoy los trinos

de mis dulces pajarillos?

 
¿Dónde están, infantes míos?

¿Dónde están mis preferidos,

fugitivos de sus nidos?

 
Ellos rezan escondidos

en las nubes, como ovillos

acallando sus gemidos.
 

¿Quién volvió de sus olvidos?

¿quién de nuevo ha aparecido?

¿quién perturba a mis benditos?

 
A quien Dios ha perdonado

para el hombre era maldito,

de sus llantos el motivo,

el horror descongelado.

Temerosos del pasado,

De un pasado aborrecido,

de la sombra de sus manos

y la noche de sus gritos.

Del sonido de sus pasos

retumbando en sus oídos

como un eco acorralado

anunciando al enemigo.


¿Quién perdona al depravado?

¿quién convierte los castigos

en castigos indultados?

¿A quién Dios ha redimido?

 

El diablo ha despertado

y en el mismo paraíso

que a los niños aterrados

un hogar le ha concedido.

 
Aunque sea desterrado,

aunque pierda el infinito,

hundiré mis limpias manos

en el alma del maldito.

 Si mi pecho es confinado

a ese valle de proscritos

mi pesar no será vano

si por siempre muere el llanto

de mis niños preferidos.

Mi dolor será un pedazo

del dolor que ya han sufrido,

la cura será el canto

de mis dulces pajarillos

ignorantes del destino

de quien les ha querido tanto.